BOTAS DE MONTAÑA: Testimonio
Todos tenemos que subir una montaña: la montaña de la vida. Aquellas personas que habitualmente disfrutan de esta experiencia saben de la importancia de las prendas, sobre todo la de llevar un calzado adecuado.
En general la gente calza sus botas de montaña o al menos unas deportivas. Resulta que mi hijo tiene TDAH y la sensación que tengo es que a él le ha tocado afrontar el ascenso con unas sandalias o las típicas chanclas de playa.
Sabemos que su andar será más lento a veces y más costoso seguro. Así aparecen las famosas rozaduras y algunas heriditas de diversa índole: personales, escolares, conductuales, familiares… No en todos los casos igual ni mucho menos y tampoco de la misma manera según edades y ciclo vital. Sabemos también que se precisarán cremas, betadine y tiritas en formas muy variadas (apoyos). Cada uno es un mundo.
La familia está llamada a ser el “botiquín de primeros auxilios” que siempre está ahí aunque llueva o haga sol. Acompañar el caminar de nuestro familiar, en ocasiones animando a seguir desde lejos, otros momentos cuando la ascensión se pone difícil dando la mano, otras haciendo una paradita en el camino y tomando un respiro.
No tenemos un mapa preciso de la ruta, lo iremos descubriendo, pero sabemos con claridad que no se trata de llegar a la cima los primeros sino lo más lejos a lo que Manuel, mi hijo alpinista, está llamado.
Blanca y Javier.



